DE PUNTILLAS

Hoy, mientras revisábamos la última y definitiva versión de mi libro, una de mis amigas, convertida en editora, al leer uno de los capítulos, me hablaba de la dificultad que tenemos para vivir la vida: "pasamos por la vida, pero no la vivimos".

Caminamos por la vida de puntillas, por encima, sin pisarla, sin entrar dentro. Nuestros pies no tocan el suelo, no dejamos que lo hagan. Tenemos miedo a vivir la vida, a experimentarla entera. Pasamos por ella arrastrados por la inercia de los días, por las rutinas establecidas. No nos cuestionamos. Vamos de puntillas porque preferimos la comodidad mentirosa y la protección de lo que pensamos que controlamos. Porque nos hemos creído que ya viviremos mañana. Nos lo hemos creído. Preferimos no escuchar nuestras propias preguntas. Vamos de puntillas intentando que los sentimientos no nos salpiquen, que la vulnerabilidad, el dolor y el corazón no nos alcancen.

Parece como si quisiéramos salirnos de nuestros zapatos. Es una vivida no vivida, no exprimida. Un paseo de puntillas. Preferimos no arriesgar. Anteponemos lo que tiene que ser por encima de lo que sentimos que es. Preferimos sostenernos en el miedo que pisar con valentía la vida. 

Vivimos de puntillas porque vivimos sin ser nosotros mismos, porque nos hemos creído el miedo. Queremos ser felices pero sin correr riesgos, sin jugar, sin estar abiertos. Queremos, queremos, solo queremos.

Pasamos de puntillas por las relaciones, por eso no hay unión, no hay transformación profunda. No entramos. Nos asusta fusionarnos con el otro, tenemos miedo a entregarnos. De puntillas caminamos por nuestras propias sombras, con pánico a descubrir lo que hay en nuestra casa interna. Nos quedamos a medio camino de todo. De puntillas. 

Permitamos que nuestros pies toquen el suelo. Entremos de lleno en la vida, pese al miedo. Hagámoslo sabiendo que todo ha de ser plenamente vivido porque esa es la única forma de experimentar el verdadero sentido de la vida. Porque así, como dice Maria Flavia de Monsaraz, podremos, progresivamente, encontrar aquello que es inmutable, eterno, sagrado en cada uno de nosotros. Un sentimiento de plenitud y trascendencia que no es otro que sentir la Vida completamente.

Feliz presente.

Almudena Migueláñez.

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